En los últimos años, Sevilla ha sido una de las ciudades más elegidas para celebración de bodas. Es un sitio que me encanta por su espectacular arquitectura, con esa mezcla entre tradición y modernidad, por el ambiente que se respira y el buen trato a quienes la visitan. He tenido la suerte de viajar varias veces en los últimos años a esta maravilla de ciudad como fotógrafo de bodas y he de decir que el placer que me produce el trabajo se intensifica cada vez que visito Sevilla.

Cuando Astrid y Paul contactaron conmigo, me aseguraron que eran de esa clase de abogados que no aburren y que saben disfrutar como el que más de una fiesta. ¡Y vaya que sí! Me dieron todo su cariño y calor, hubo ratos en los que casi olvido que estaba en su boda por trabajo. Un momento realmente gracioso que no olvidaré fue cuando unos amigos de los novios se pusieron a cantar una salve rociera con un fuerte acento francés, eso sí, con el mismo encanto que cualquier andaluz.

Fue una ceremonia preciosa con una localización de ensueño, la Iglesia de San Andrés, que se encuentra en el mismo centro histórico de Sevilla. De ahí la celebración se movió hasta las afueras de la ciudad, en la Finca Majaloba, donde los invitados pudieron disfrutar de cóctel y cena en los preciosos exteriores. No hay nada como una boda al aire libre disfrutando de la cálida brisa de verano.

Sin duda fue boda especial e íntima y las sonrisas que veía en familiares y amigos eran naturales, de pura felicidad. Captar sentimientos así con mi cámara es un gusto.

Gracias, Astrid y Paul por dejarme ser una pequeña parte de vuestra historia.

In the last few years, Sevilla has been one of the most chosen cities for weddings. It’s a place that I love for its architecture, a mix between tradition and modernity, for its atmosphere and for the friendly welcome to visitors. I have had the best of lucks traveling last years to this marvelous city as a wedding photographer and I have to say that the joy that is my job grows every time I visit Sevilla.

When Astrid and Paul contacted me, they assured me that they weren’t the type of lawyers that doesn’t know how to enjoy a party, and they weren’t wrong! Both of them made me feel like one of the guests and gave me all their love. Sometimes I even almost forgot that I was there for work and not for pleasure!

A really funny moment was when some friends of the groom started to sing a salve rociera with French accent but just as perfect as any Andalucian people.

It was a beautiful ceremony with a dreamy location, San Andrés Church, which is in the very center of the city. From there, the celebration moved to the outskirts of Sevilla, in Finca Majaloba, where everyone enjoyed a dinner in the gardens. There is nothing like an outdoors wedding enjoying the warm summer breeze.

It was doubtless a magic and intimate wedding in which the smiles that family members and friends showed were natural and of pure joy. Capturing emotions such as these ones with my camera is one of the reasons why I love my job.

Thank you Astrid and Paul for letting me be a little part of your story