
Un día de campo en pleno invierno, puede ser más cálido que el propio verano.

Cuando me reuní con Marianne y Javier les prometí que no les obligaría a posar. Quería que se sintieran cómodos y, como por lo general el ser humano tiende a volverse tímido delante de una cámara, di por hecho que no se daría esta situación. Para mi sorpresa, nada más empezar, comenzaron a reírse, abrazarse y besarse… La vida me muestra una vez más que el amor es impredecible. Gracias Marianne y Javier por no permitir que abortara la sesión un día antes, lo cierto es que me lo pasé genial con ustedes. ¡Estoy deseando tenerlos vestidos de novios!